Los gigantes desafíos para Mérida y su zona metropolitana

Dra. en Arq. Yolanda Fernández Martínez
Directora de Habitar y más

En la última década Mérida ha experimentado una vorágine inmobiliaria como consecuencia de tres factores relevantes: los bajos costos del suelo; la migración poblacional que por cuestiones de seguridad han encontrado en tierras yucatecas un paraíso para invertir y vivir; y una tierra segura, plana y sin sismos. Sin embargo, a la par se identifican 3 cuestiones que deben de ser atendidas con urgencia, responsabilidad y visualizando escenarios futuros en tiempos de incertidumbre climática, económica y de salud.

El primero de ellos tiene que ver con la disolución de la COMEY para convertirse en el IMDUT y en su reciente cambio de titular. El segundo se refiere al fenómeno expansivo y el tercero a la fascinación por la verticalidad y querer coquetear con la idea de los rascacielos de las grandes metrópolis del mundo.

Durante una década existió una política pública con el fin de consolidar o de al menos tener en cuenta las problemáticas metropolitanas de Yucatán, que, si bien sólo era una sola zona conformada por los municipios de Mérida, Umán, Kanasín, Ucú, Conkal y Progreso, el cual se ponía en duda su pertenencia, a pesar de la fuerte relación económica que existe con Mérida. Desde el inicio de la COMEY, creada en un gobierno priista, se enfrento a litigios lidereados por el gobierno panista de Mérida, alegando la inconstitucionalidad de su creación, ya que ponía en riesgo a la autonomía municipal y podría invadir competencias meridanas. Por lo tanto, fue todo un desafío hacer comprender que las problemáticas metropolitanas están mucho más allá de los intereses partidistas y que cuando alguien asume el “poder”, debe de gobernar para todos los habitantes. Al menos eso es lo que se espera de un buen gobierno.

Finalmente, la COMEY desapareció para dar paso al IMDUT, Instituto de Movilidad y Desarrollo Urbano Territorial. Tremenda encomienda, pasar de comprender el fenómeno metropolitano a tener que tomar las riendas de uno de los temas más complejos de nuestro territorio: la movilidad. Sin embargo, parecía que ahora sí se vinculaban dos cuestiones fundamentales para la planificación y racionalización del consumo del suelo: priorizar la planeación estratégica de la movilidad para que con base a ello se puedieran definir las políticas asertivas para el desarrollo urbano territorial.

Aun nos quedó a deber la primera gestión del gobierno estatal esta posible fusión conceptual y metodológica para poder poner en orden, precisamente los otros temas que se perfilan como un desastre anunciado, y que para los cuales aún no hay un plan a la medida: la expansión urbana y la verticalidad.

Viene un segundo aire para el IMDUT bajo la dirección de un joven economista, del cual no se duda de sus capacidades, pero sin embargo, se enfrenta a un monstruo de problema que deberá de atender y dejar perfectamente regulado, articulado y armonizado para que en el 2024 no tengamos más de lo mismo: más expansión urbana con excesos de urbanizaciones cerradas que precisamente atentan contra los principios fundamentales que un Instituto de Movilidad debería procurar, y con proliferaciones de edificaciones verticales, que si bien cumplen con una función que queda muy bien explicada en la motivación de la Ley sobre el Régimen de Propiedad en Condominio del Estado de Yucatán (2014), pero que después la misma Ley se contradice al precisar que su objeto es únicamente lo relacionado a la creación, modificación, extinción de una propiedad en régimen en condominio.

Es decir, los fenómenos de la expansión urbana y la verticalización están sujetos a una Ley Estatal que no tiene competencia para el ordenamiento territorial, pero condiciona al nivel municipal. En virtud de lo anterior, y precisamente aprovechando los cambios de gabinete, habrá entonces que esperar que haya cambios sustanciales en el contenido y alcance de los instrumentos jurídicos estatales, pero, sobre todo, que exista esta lectura crítica de lo que está sucediendo y cómo se puede prevenir. Y como dije al principio, el gran desafío consiste precisamente en priorizar la planeación estratégica de la movilidad para que con base a ello se puedan definir las políticas asertivas para el desarrollo urbano territorial.

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